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AD FUGANDAS INFIDELIUM TENEBRAE. Algunas verdades y otras mentiras verosímiles (Arte y Cultura)
Viernes, 01/06/2007
DE OBRAS EN EL BLOG

Hasta nuevo aviso.

 

Disculpen las molestias.

 
Escrito por José Vicente Pascual a las 09:38 am

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Viernes, 25/05/2007
EL FUTURO DE LA FERIA
 
COMO pasado mañana toca votar y hoy reflexionar, pues me he dicho: qué mejor ocasión para, efectivamente, reflexionar sobre la ya pretérita Feria del Libro de Granada 2007, la que volvió a congregar, como cada año, a lectores, libreros, autores y demás gente del tinglado en torno a las mañanas cálidas en Las Angustias, los maravillosos libros y el reencuentro con especiales amigos que caminan, igual que un servidor, por las páginas de esta vida leve y atenta en la espera, único existir que cunde a quienes tenemos la literatura como exclusivo índice de materias para saciar el alma y abundar el tiempo.

La anterior cursilada, que espero haya usted leído del tirón, amigo lector, viene determinada fatídicamente por la convicción alcanzada tras un minucioso paseo por las casetas de librerías y editoriales, la mañana del 15 de mayo, un par de horas en las que nuevamente comprobé cómo la feria, año tras año, va decreciendo en popularidad, visitantes y, supongo, ventas. A este paso, en unos años estaremos al nivel de la menesterosa feria de Córdoba o la inexistente de Jaén. Hay que pensar en ello y hacer algo. Ya mismo.

Los esfuerzos de la Delegación de Cultura y el Centro Andaluz de las Letras, y la entrega de sus funcionarios que lleva añadido el plus de amabilidad y entusiasmo, por desgracia no revierten en pujanza para esta celebración. La tendencia, más bien, es la contraria: languidecemos.

Por supuesto que el fenómeno no tiene nada que ver con la admirable dedicación de quienes están directamente involucrados en las tareas organizadoras. El problema viene de largo y parece más complejo. Nos lo explicó hace un año, más o menos, el incombustible y dinámico Francisco Eleuterio, de Zócalo libros, en el transcurso de una comida albaycinera. La irrupción de nuevas tecnologías en el hogar está suponiendo una merma aproximada del 20-25% en la demanda de libros. Los hábitos familiares de ocio reacondicionan presupuestos en atención a los onerosos capítulos de la tarifa plana para Internet, la televisión de pago, el teléfono móvil (para casi la mitad de usuarios, los más jóvenes, este aparatejo es un artículo de entretenimiento), videojuegos, cine, DVD, MP3, etcétera. Los flamantes avances en la comunicación y la holganza exigen tiempo dedicado y, sobre todo, dinero. Como la cadena siempre se rompe por el eslabón más débil, quién sino los libros iban a pagar el estropicio. No se trata de competir en el fragor de la industria y el mercado, sino de asumir que los días no tiene cuarenta y ocho horas y que los presupuestos para 'comprar cultura' no son inagotables.

Para quien estas líneas escribe (tantas veces lo he dicho), la narrativa no es un pasatiempo y la creación literaria va un poco más allá de esa 'cultura' mesurable en el estadillo comercial o administrativo, pero una cosa son las convicciones personales y otra la cruda realidad. Y la realidad nos indica algo que ya sabían los clásicos: renovarse o morir. Aquí, la renovación lleva aparejado otra vez el nombre del dinero. Competir por competir, siendo rival la ingente industria del entretenimiento, sería temerario; pero aspirar a más con estos presupuestos, los que hoy se manejan... también parece causa perdida. Quien lleve la manija tendrá que decidirlo en poco tiempo: o nos metemos en obras a fondo o echamos la llave al portón y que el tiempo y la lluvia acaben de arruinar la casa. Lo que sería una lástima.
 
IDEAL, Puerta Real - 25/07/2007
 
Escrito por José Vicente Pascual a las 10:36 am

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Viernes, 18/05/2007
Villar Yebra
 
HABLAR de Enrique Villar Yebra durante estos días de polen, libros y calor, significa necesariamente hablar de Francisco Gil Craviotto, autor de la biografía del pintor publicada en 'El defensor de Granada'. Gil Craviotto es el más destacado escritor en este género con el que cuenta nuestra ciudad desde hace muchas décadas, eso no es ningún secreto ni afirmarlo supone revelación alguna. Cada cual a lo suyo, y en lo suyo, las memorias, la biografía, las glosas y semblanzas de personajes históricos, mi amigo Gil Craviotto sentó cátedra hace mucho tiempo y ahí está su magisterio para quien quiera aprender: documentación minuciosa, pulcra y amena escritura y, sobre todo, un amor a su trabajo literario que convierte cada uno de sus libros en esmerada demostración de talento y capacidad para manifestarlo.

He escrito «mi amigo Gil Craviotto» con toda intención. Pues sí, amigo y a mucha honra. Uno está tan saturado de mediocridades, de sonoras naderías, del ridículo empaque de lo pretencioso que, en fin, para qué explicar la satisfacción de leer, nuevamente, a quien sabe y puede y encima se conduce con la humildad propia de las personas juiciosas y colmadas de destreza. Y si encima es amigo, como decía Maquiavelo: miel sobre hojuelas.

En esta ocasión, Francisco Gil Craviotto nos aproxima a una personalidad perfectamente definida en el comentario del editor como «poliédrica». Villar Yebra, a quien conocimos 'superficialmente' muchos granadinos, entrañaba en su ser algo ceceño y muy prudente, casi encubierto en las formas de la buena educación, las arrebatadas pasiones y grandes anhelos que siempre distinguieron a los hombres y mujeres de valía que nutren la historia intramuros de Granada. Pintor, músico, escritor, guía turístico, conferenciante, detective privado ocasional, Villar Yebra guió su existencia siempre en torno a la voluntad de desprenderse de sí para ofrendarlo todo a la ciudad de la que vivió enamorado. Polémico, intransigente en lo que concernía a la conservación y cuido de nuestro patrimonio histórico, yo lo recuerdo en el bar Ocaña, sentado ante el mostrador, dándole muchas vueltas a alguna tapa que, suponía, era toda su comida, todo lo que podía ingerir aquel hombre menguadísimo de carnes y modestamente ataviado del que -cómo es la vida-, nadie habría pensado ni de lejos que era uno de los artistas más destacados de nuestro siglo cultural. Siempre la misma cosa: quienes llenan sus días con paciente saber, delicado genio y tesón en nítidos afanes, se acodan en la esquina, observan y callan; quienes no tienen nada que decir ni nada de provecho que aportar en este mundo de la inteligencia y la pudorosa manifestación de la capacidad artística, hacen tanto ruido que se les oye y se les ve llegar a siete kilómetros, lo que en el fondo es de agradecer porque tal circunstancia nos facilita la tarea de guardar la tostada del desayuno antes de que irrumpan en la salita. Porque esa agente necia, si les dejas, te quita hasta la tostada para engullirla y atiborrar un estómago que nunca se sacia y nunca digiere, ni para mal ni para bien.
 
Mi gratitud es hoy para personas como Villar Yebra, como Gil Craviotto que lo ha convertido, definitivamente, en centro de una soberbia biografía. Para todos quienes desde el silencio sabio y el trabajo flamante hacen más plena, más digna y más soportable a esta Granada que algún día, digo yo, será la de todos.

No dejaría yo pasar esta feria del libro sin encontrarme con una de sus joyas, esta biografía que me ha procurado -muchas gracias, don Francisco-, horas y horas de leer con reencontrado entusiasmo. Como si fuese la primera vez. Como se lee a quien merece ser leído.
 
IDEAL, Puerta Real - 18/05/2007
 
Escrito por José Vicente Pascual a las 08:08 am

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Jueves, 17/05/2007
SUERTE
EL parlamento ha aprobado una ley del suelo que, dicen, evitará o al menos paliará muy mucho la galopante especulación urbanística, la corrupción enladrillada, el alza surrealista de los precios de la vivienda y la degradación del medio ambiente que, en efecto, a medio enterrar bajo hormigón se encuentra.

 



El hecho de que el gobierno de la nación haya presentado dicha ley, tan sonada, en víspera exacta al inicio de la campaña electoral que culminará el próximo 27 de mayo en comicios municipales (así como autonómicos para las comunidades de segunda categoría y demás purria regional, que ni son nación ni nada), no debe contemplarse como un superlativo ejercicio de oportunismo y, en el fondo, facialidad marmórea, sino, al contrario, como fenómeno determinado por la urgencia urgentísima de dotar con bagaje legal a quienes, haya elecciones o no, luchan con denuedo contra este sin Dios del pelotazo urbanístico. Yo creo que la detención de la Pantoja y sus consecuencias mediáticas han acelerado mucho el proceso, y si el mismo cuajó el mismo día en que comenzaban las bataholas electorales, eso es casualidad, oigan. A quien el Señor se la dé, San Pedro se la bendiga.

Total, que la ley hacía mucha falta, y era estrictamente necesario aprobarla en la indicada fecha, ni antes ni después. La legislación va siempre retrasada sobre la realidad, afirman los expertos, y éste es un clásico ejemplo de ello. Ya se han forrado hasta el tuétano quienes se tenían que forrar hasta el tuétano, ya está media España hipotecada y la otra media lamentándose por no haber disfrutado el privilegio de la deuda a caraperro con los bancos, ya han subido los vencimientos una media de 180 euros en un año, ya se ha multiplicado por nueve el precio del baldosín, ya piden 300.000 euros por un apartamento de 40 metros cuadrados, o 1.200 de alquiler por un chiscón mugriento en mohosos barrios periféricos, ya tenemos a miles y miles de familias asfixiadas, recurriendo a la «reunificación de deudas», a las doscientas empresas de dinero exprés que se anuncian por TV cada mañana, a la hora de los parados y las marujas; ya está todo como debe ser: los ricos mucho más ricos y los pobres tiritando. El mercado ha hablado, ha dado el puñetazo sobre la mesa y a callar y pagar la plebe, que es su destino. Ya empieza a desinflarse la burbuja, cae la bolsa, bajan tímidamente los precios en algunas grandes ciudades porque, claro, a millón y medio de las antiguas pesetas el metro cuadrado, así, no hay Dios que compre un piso, aunque sea sin cédula de habitabilidad. Y es entonces, en el instante preciso, cuando el gobierno de la nación aparece con su ley: «Esto lo arreglo yo, por razones o por cojones». Daría risa la ocurrencia si no fuese porque tanta simpleza, administrada por quienes nos gobiernan, da miedo.

Cierto, lo malo de esta ley no es que sea oportunista. Lo malo, pero malo del todo, es que llega tarde. Se trata de una ley que va a arreglar lo definitivamente estropeado, lo que ya no tiene arreglo, se pongan como se pongan. Eso sí, la multicitada ley contempla la construcción de muchas viviendas de protección oficial. Alégrense: Por sorteo, para evitar favoritismos y corruptelas. Desde que Carlos III introdujo la lotería en España, en el ilustrado siglo XVIII, la convicción de que la justicia social depende del azar parece haber enraizado en nuestros mandamases. Debe ser por eso que la gente, en nuestro país, se desea suerte al despedirse.
 


Lo de desearse salud era cosa de comunistas y mineros en huelga. Mucha suerte, desde luego, hace falta para salir adelante en una sociedad donde se considera que la rectitud y la justicia dependen, justamente, de la suerte. Que esa idea quepa en la neurona de un inversionista del Fórum Filatélico, me parece más o menos normal. Pero que alumbre a nuestros gobernantes, Jesús de los Jesuses, ya les digo: miedito da este tinglado. Estamos como los personajes del chiste: «No sé qué voy a hacer como me toque la lotería» -dice uno-. «Peor es lo mío» -responde el otro-: «No sé lo que voy a hacer como no me toque».

Ea, pues lo dicho: suerte para todos.
 
IDEAL, El síndrome de Waterloo - 17/05/2007
 
Escrito por José Vicente Pascual a las 19:17 pm

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Viernes, 11/05/2007
METAMORFOSIS
 
LA época de elecciones es perfecta para comprobar cómo los políticos, tanto los de fuste y mando «a nivel de Estado» -que diría un mostrenco nacionalista-, como los más modestos de caudillaje local, sufren todos ellos, unos y otros, unánime y gradual metamorfosis significada funestamente por la degradación. Una decadencia moral que primero afecta a su capacidad de cumplir el programa llevado a las urnas, posteriormente al doloso incumplimiento de dicho programa, más tarde a la descarada traición a sus votantes y, por último, a aparecer en los papeles como reos de fraude, latrocinio, saqueo, devastación y pillaje. Imparable ruina ética que los convierte en carnaza ante sus detractores y los sitúa en la siempre incómoda posición conocida como «mirar hacia Pamplona mientras se silba La Madelón en el poste de la infamia». Penoso.

Cuando ganan las elecciones, todos son buenos tipos, gente maja, en fin, hay que respetar el resultado de las urnas, no estamos de acuerdo en el ideario pero coincidimos plenamente en una inquebrantable fe democrática, y además todo hijo de vecino medrante en la cosa pública merece su oportunidad de convencernos, vía de los hechos, de que sus propuestas son meritorias y su gestión aceptable. Palmadita en la espalda, enhorabuena y nada, ya sabes, desde la leal oposición puedes contar con nosotros para toda iniciativa que redunde en beneficio público. Plas, plas.

Pero, claro, cómo va a surgir nada bueno de la actividad de quien, tres años y medio después, ha pasado de ser buena gente a calcomanía de El Lute en sus buenos tiempos. La colaboración democrática se transforma en inquisición a sangre y fuego; las buenas palabras de concordia, tras breve etapa de insultos, alcanza el rango de la divina injuria; y aquel señor bienintencionado que accedía al cargo con cara de novio pardillo en intachable candor se ha convertido, por arte de campaña rompe y rasga, en la viva lambrosiana imagen de la codicia, la perfidia y la iniquidad.
 
 

A los hechos me remito. Si hiciéramos caso a la oposición «a nivel de Estado» (lo lamento, me pirra este giro-chapuza del idioma), nuestro gobierno estaría integrado por una banda de criminales conchabados con el terrorismo que desprecian y se burlan de sus víctimas, que manipulan a la justicia y conspiran para desintegrar a la patria, amén de robar a manos llenas el legítimo dinero de la Iglesia, la sanidad, el IVA y la enseñanza privada. Y como va por barrios la costumbre, si bajamos a la política local hay más o menos lo mismo: nuestro alcalde aparece como depredador urbano y su equipo de gobierno semeja una rueda de maleantes que emplean la mitad de su tiempo en enriquecerse ilegalmente y la otra mitad en tapar desmanes los unos a los otros. Todo, arriba, en medio y abajo, de juzgado de guardia.

Total, que a ver si pasan las elecciones municipales, generales y las que hagan falta, y todos y todas vuelven a ser lo que solían: gente patosa metida a administrar el bien común, que suele ser el menos común de los bienes. Quizás sea yo muy ingenuo, o panzudo de conciencia, pero prefiero pensar que son torpes e ignorantes aunque no malos. En este caso, como excepción, la insoportable memez del político borrico resulta más digerible y de mejor dormir que la sospecha, tremebunda, de estar gobernados arriba, en medio y abajo, por el crimen organizado. Qué horror. Mejor echamos la culpa a la irresponsable idiocia y todos tan felices.
 
IDEAL, Puerta Real - 11/0572007
 
Escrito por José Vicente Pascual a las 11:56 am

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 AD FUGANDAS INFIDELIUM TENEBRAE (Arte y Cultura)
Blog personal de José Vicente Pascual, tan personal que no voy a decir ni media palabra más, oigan, que yo nunca he vendido una exclusiva ni he venido a este programa para hablar de mi vida privada.
 
LUN MAR MIE JUE VIE SAB DOM
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